Incendio en el páramo de Las Hermosas cumple 50 días: 2.000 hectáreas consumidas y riesgo inminente para el abastecimiento hídrico del suroccidente colombiano

Una emergencia ambiental de proporciones históricas

El incendio forestal que azota el complejo de páramos de Las Hermosas, en el departamento del Valle del Cauca, alcanzó este jueves su quincuagésimo día de actividad ininterrumpida, consolidándose como una de las emergencias ambientales más severas y prolongadas de la última década en la región Pacífico colombiana. Las llamas han devorado ya más de 2.000 hectáreas de ecosistemas estratégicos, según el balance más reciente entregado por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) y el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de la zona, cifras que podrían incrementarse en las próximas horas dadas las condiciones meteorológicas adversas.

La conflagración, que se inició a finales de julio en zona rural del municipio de Tuluá, ha demostrado una capacidad de propagación inusual para ecosistemas de alta montaña, alimentada por una conjunción de factores que incluyen déficit pluviométrico prolongado, vientos sostenidos de hasta 35 kilómetros por hora y la presencia de material combustible seco acumulado tras meses de sequía asociada al fenómeno de El Niño.

El páramo como regulador hídrico: lo que está en juego

El complejo de páramos de Las Hermosas no es únicamente un reservorio de biodiversidad —alberga especies endémicas como el frailejón Espeletia hartwegiana y fauna amenazada como el oso andino y el cóndor—, sino que constituye la principal fábrica de agua para más de dos millones de habitantes del suroccidente colombiano. Sus suelos orgánicos, capaces de retener hasta el 80% de su peso en agua, alimentan las cuencas de los ríos Tuluá, Guadalajara, Bolo y Amaime, arterias hídricas que surten acueductos municipales, sistemas de riego agrícola y generación hidroeléctrica.

«Si dejamos avanzar el fuego, se afectará el suministro de agua para consumo humano, agricultura y energía en todo el centro del Valle del Cauca», advirtió en declaraciones recientes la directora de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), Ana María Sanclemente, quien calificó la situación como «un punto de inflexión para la gestión del riesgo en ecosistemas estratégicos». La funcionaria explicó que la combustión de la capa orgánica del páramo —que tarda siglos en formarse— destruye la capacidad de regulación hídrica, provocando escorrentía superficial inmediata, erosión acelerada y sedimentación de cauces aguas abajo.

Operativo sin precedentes y limitaciones estructurales

El combate del incendio ha movilizado un dispositivo sin precedentes: más de 350 hombres y mujeres entre bomberos de once municipios, brigadas de la CVC, Ejército Nacional, Policía Ambiental, Defensa Civil y voluntarios locales, apoyados por cuatro helicópteros Black Hawk del Comando Aéreo de Combate No. 7 equipados con sistemas Bambi Bucket de 2.500 litros. No obstante, la topografía escarpada —con altitudes entre 3.200 y 4.100 metros sobre el nivel del mar—, la ausencia de vías de acceso y la lejanía de fuentes de agua han limitado severamente la efectividad de las operaciones terrestres y aéreas.

«Estamos combatiendo un incendio de interfase en un ecosistema que no está diseñado para arder», explicó el capitán Juan Carlos Ramírez, comandante del Batallón de Ingenieros No. 3 y coordinador del puesto de mando unificado. «El páramo es un ecosistema húmedo por naturaleza; cuando arde, indica que hemos traspasado umbrales críticos de resiliencia».

Antecedentes y contexto: una crisis anunciada

La emergencia actual no es un evento aislado. Los registros históricos de la CVC y el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) documentan un incremento del 340% en la superficie quemada en páramos colombianos durante la última década, tendencia que los expertos vinculan directamente al cambio climático, la expansión de la frontera agropecuaria y la minería ilegal. En 2024, la temporada seca provocó 127 conflagraciones en ecosistemas de alta montaña en todo el país, con afectación de 8.400 hectáreas.

Investigaciones preliminares de la Policía Judicial y la Fiscalía General de la Nación apuntan a que el foco inicial en Las Hermosas podría tener origen antrópico —quemas controladas que se salieron de control o acciones intencionales para apropiación de tierras—, hipótesis que de confirmarse acarrearía responsabilidades penales bajo la Ley 1333 de 2009 y el Código Penal colombiano, que tipifican el daño en recursos naturales con penas de hasta 12 años de prisión.

Impacto en comunidades y actividades productivas

Las consecuencias ya son tangibles para las poblaciones aledañas. En los municipios de Tuluá, Buga, Andalucía y Bugalagrande, el turbiedad del agua ha obligado a suspender temporalmente la captación en bocatomas principales, activando planes de contingencia que incluyen carrotanques y racionamiento sectorizado. La Secretaría de Salud departamental ha emitido alerta epidemiológica por incremento de enfermedades respiratorias agudas —un 47% más respecto al mismo período de 2023— atribuible a la exposición crónica a material particulado fino (PM2.5).

El sector agrícola, motor económico de la región, reporta pérdidas preliminares superiores a los 15.000 millones de pesos en cultivos de caña de azúcar, café, plátano y hortalizas, además de afectación a pastizales para ganadería de doble propósito. La Federación Nacional de Cafeteros advirtió que más de 1.200 familias cafeteras en la zona de influencia directa enfrentan riesgo de pérdida de cosecha y degradación de suelos productivos.

Panorama futuro y desafíos de restauración

Los modelos climáticos del IDEAM pronostican la persistencia de condiciones secas al menos hasta la segunda quincena de octubre, con probabilidad del 65% de transición a condiciones de La Niña hacia finales de año, lo que traería precipitaciones superiores a la media pero también riesgo de deslizamientos en suelos desprovistos de cobertura vegetal. La CVC ha anunciado un Plan de Restauración Ecológica a 10 años con inversión estimada en 45.000 millones de pesos, que contempla revegetación con especies nativas, bioingeniería para control de erosión, cercado de áreas de recarga hídrica y acuerdos de conservación con propietarios privados.

«La restauración de un páramo quemado no es plantar árboles; es reconstruir procesos ecológicos que tardan décadas», señaló la doctora María Fernanda Gutiérrez, investigadora del Instituto Humboldt y experta en ecosistemas de alta montaña. «Requiere gobernanza territorial, financiación sostenida y, fundamentalmente, que las comunidades locales sean protagonistas y beneficiarias del proceso».

Mientras las llamas persisten en flancos activos de difícil acceso, el país observa con atención el desenlace de una emergencia que pone en evidencia la fragilidad de los ecosistemas reguladores del agua en el trópico andino y la urgencia de políticas de Estado que trasciendan la reactividad para abordar las causas estructurales de la degradación ambiental.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  • https://cdn.amelbatv.co/listen/radiohitsneiva/radio.mp3
  • radiohitsneiva.com
  • Radio Hits Neiva