Una misión científica estratégica en el Pacífico oriental
El buque de investigación oceanográfica ARC Simón Bolívar, insignia de la Dirección General Marítima (Dimar) y de la Armada Nacional, zarpó el pasado 8 de septiembre desde el puerto de Tumaco, Nariño, iniciando una travesía de alta relevancia científica: el monitoreo y análisis integral del fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) en aguas del Pacífico colombiano. Esta expedición, que combina capacidades navales con investigación oceanográfica de vanguardia, busca generar datos críticos para la modelización climática, la prevención de desastres y la gestión sostenible de los recursos marinos en una de las regiones más dinámicas y vulnerables del planeta.
El buque: una plataforma tecnológica de última generación
El ARC Simón Bolívar no es un barco convencional; es un laboratorio flotante equipado con instrumentación de punta para la oceanografía física, química, biológica y geológica. A bordo dispone de rosetas de muestreo CTD (conductividad, temperatura, profundidad) capaces de descender a miles de metros, correntómetros acústicos Doppler (ADCP) para perfilar corrientes en toda la columna de agua, sistemas de mapeo batimétrico multihaz y laboratorios húmedos y secos para el procesamiento inmediato de muestras de agua, sedimentos y plancton. Esta infraestructura permite a los científicos obtener perfiles verticales de alta resolución de variables clave como temperatura, salinidad, oxígeno disuelto, nutrientes y clorofila, esenciales para caracterizar la estructura térmica y dinámica del océano durante las distintas fases del ENOS.
Liderazgo femenino al mando de la operación naval
La comandancia de la unidad recae en la capitán de Fragata Nathalia María Otálora Murillo, quien lidera una dotación mixta de oficiales, suboficiales e infantes de marina altamente entrenados en operaciones de mar y apoyo logístico a la ciencia. Su gestión al frente del buque ejemplifica la creciente integración de la mujer en roles de mando operacional dentro de la Fuerza Pública colombiana. Junto a ella, el suboficial primero Luis Alberto Ramos y el resto de la tripulación garantizan la seguridad de la navegación, el manejo de aparejos oceanográficos y la habitabilidad en jornadas que pueden extenderse por semanas en alta mar, enfrentando condiciones meteorológicas adversas propias de la zona de convergencia intertropical.
Ciencia embarcada: la sinergia entre Dimar y la comunidad investigativa
La misión no es únicamente naval; a bordo viaja un equipo multidisciplinario de investigadores del Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas del Pacífico (CCCP) de la Dimar, acompañados por académicos de universidades nacionales y centros de investigación asociados. Estos científicos diseñan la estrategia de muestreo, definen las estaciones oceanográficas —distribuidas en transectas perpendiculares a la costa y en puntos fijos de series temporales— y realizan los análisis preliminares a bordo. La colaboración interinstitucional permite que los datos generados alimenten directamente el Sistema de Alerta Temprana de la Dimar, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) y los modelos globales de predicción climática como los del Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN).
Contexto climático: por qué el Pacífico colombiano es un observatorio natural
El Pacífico oriental tropical, y específicamente la costa colombiana, constituye una región sentinela para la detección temprana del ENOS. Aquí convergen la Corriente de Humboldt, la Corriente Ecuatorial del Sur y el sistema de afloramiento costero, generando una productividad biológica excepcional que sustenta pesquerías artesanales e industriales vitales para la economía regional. Durante la fase cálida (El Niño), el debilitamiento de los vientos alisios reduce el afloramiento, eleva la temperatura superficial del mar y provoca anomalías en la distribución de especies, blanqueamiento de corales y alteraciones en los patrones de precipitación que afectan a millones de personas en la cuenca del Pacífico y la región andina. Por el contrario, La Niña intensifica el afloramiento, enfría las aguas y puede desencadenar lluvias extremas e inundaciones. Comprender la evolución termodinámica de esta masa de agua en tiempo real es, por tanto, una necesidad estratégica para la seguridad alimentaria, hídrica y la planificación territorial.
Metodología de muestreo y variables críticas
La campaña sigue protocolos internacionales estandarizados por la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (COI) de la UNESCO y el Programa Global de Observación del Océano (GOOS). En cada estación se realizan lanzamientos de roseta CTD hasta el fondo o 2 000 metros, recogiendo agua en botellas Niskin a profundidades discretas para análisis de nutrientes (nitratos, fosfatos, silicatos), carbono inorgánico disuelto, alcalinidad, isotopos estables y ADN ambiental (eDNA) para biodiversidad oculta. Simultáneamente, sensores de fluorescencia y transmitancia óptica miden clorofila-a y materia particulada, indicadores de productividad primaria y flujos de carbono. Los perfiles de corriente ADCP revelan la estructura de la corriente de Cromwell y la contracorriente ecuatorial, dinamizadores del transporte de calor ecuatorial.
Impacto inmediato y proyección a mediano plazo
Los datos crudos, validados y controlados de calidad a bordo, se transmiten vía satélite en tiempo cuasi real a los centros de asimilación de datos del Ideam y del Centro Europeo de Predicción a Plazo Medio (ECMWF), mejorando la inicialización de modelos numéricos de predicción estacional. A mediano plazo, la serie histórica que se construye —algunas estaciones llevan más de tres décadas de observaciones— permite detectar tendencias de calentamiento oceánico, acidificación y desoxigenación, fenómenos que amplifican la vulnerabilidad de los ecosistemas costeros colombianos frente al cambio climático global. Además, la información hidrográfica actualiza las cartas náuticas y los modelos de marea, reforzando la seguridad de la navegación comercial y artesanal.
Desafíos logísticos y humanitarios de la travesía
Operar en el Pacífico colombiano implica desafíos únicos: la lejanía de puertos de abrigo, la alta energía del oleaje generado por tormentas extratropicales del sur, y la necesidad de autonomía energética y alimentaria para tripulaciones de hasta 60 personas durante 20-30 días. La logística de combustible, víveres, repuestos y gestión de residuos bajo normativa MARPOL es una operación militar compleja que la Armada ejecuta con precisión. Asimismo, el buque cumple funciones de presencia estatal en zonas remotas, apoyando a comunidades insulares y costeras con evacuaciones médicas, entrega de suministros y vigilancia de áreas marinas protegidas como el Santuario de Fauna y Flora Malpelo y el Parque Nacional Natural Gorgona.
Panorama futuro: hacia una red de observación sostenida
La travesía del ARC Simón Bolívar no es un evento aislado, sino un eslabón en la estrategia de la Dimar para consolidar una red de observación oceánica sostenida que incluya boyas ancladas (tipo TAO/TRITON), gliders autónomos, radares de alta frecuencia costera y satélites de altimetría y color del océano. La integración de estas plataformas, bajo el paraguas del Sistema Colombiano de Observación del Océano (SCOO), aspirar a cerrar brechas de datos en la zona económica exclusiva del Pacífico, posicionando a Colombia como referente regional en ciencia oceánica para el desarrollo sostenible, en línea con la Década de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible 2021-2030 proclamada por la ONU.
Conclusión: ciencia, soberanía y resiliencia climática
El zarpe del ARC Simón Bolívar desde Tumaco simboliza la convergencia entre soberanía nacional, capacidad naval y excelencia científica. Cada perfil oceanográfico, cada muestra recolectada y cada dato transmitido desde este laboratorio flotante son piezas de un rompecabezas climático que, armado con rigor, permite al Estado colombiano anticipar amenazas, proteger a su población y gestionar su inmenso patrimonio azul con conocimiento basado en evidencia. En un planeta donde el océano regula el clima y amortigua el calentamiento global, misiones como esta no son un lujo académico, sino una inversión estratégica en resiliencia y futuro.












Deja una respuesta