El drama que no cesa: familias claman por el retorno de sus hijos reclutados por las disidencias de ‘Iván Mordisco’
En los rincones más apartados de Colombia, el silencio de las casas campesinas es ahora el reflejo de un vacío desgarrador. Decenas de familias están viviendo una pesadilla que parece no tener fin: el reclutamiento forzado de sus niños, niñas y adolescentes a manos de las disidencias de las FARC, bajo el mando de alias ‘Iván Mordisco’.
Lo que antes era un temor latente en las veredas, hoy se ha convertido en una tragedia nacional. Según reportes de organizaciones de derechos humanos y defensorías, los grupos armados ilegales han intensificado el sometimiento de menores de edad, arrebatándoles sus proyectos de vida para integrarlos a las filas de un conflicto que, lejos de apagarse, continúa cobrándose la juventud colombiana.
La estrategia del miedo y la coacción
Para los padres de familia, enfrentar a estas estructuras es una lucha contra un gigante que opera en la sombra. Los testimonios recogidos en zonas de alta complejidad señalan que los emisarios de ‘Iván Mordisco’ no solo usan la fuerza, sino también el engaño y la promesa de un poder inexistente para seducir a los jóvenes, para luego convertirlos en fichas desechables de su aparato militar.
“Se llevaron lo que más queríamos. No es solo un hijo, es nuestro futuro lo que se están robando”, comenta con voz entrecortada una madre que, por razones de seguridad, prefiere mantener su identidad bajo reserva mientras espera noticias que nunca llegan.
Una crisis que exige respuestas urgentes
El Estado colombiano, a través de sus distintas entidades, se encuentra bajo una presión creciente para frenar esta práctica que viola flagrantemente el Derecho Internacional Humanitario. Mientras el Gobierno intenta avanzar en procesos de diálogo y paz total, la realidad en los territorios cuenta una historia distinta: una donde los menores siguen siendo el blanco principal de los actores armados.
La Defensoría del Pueblo ha hecho un llamado enérgico para que se fortalezcan las rutas de prevención y atención temprana en las regiones más vulnerables. La consigna es clara: ningún menor debe ser utilizado como instrumento de guerra.
La situación, que se vuelve crítica en departamentos como el Cauca, Nariño y Guaviare, pone a prueba la capacidad de respuesta de las autoridades. Mientras tanto, en Colombia, cientos de madres siguen encendiendo una vela cada noche, esperando que sus hijos regresen a casa antes de que sea demasiado tarde.












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