¿El fin del sueño profesional? Por qué la Generación Z en Colombia y el mundo ahora le teme a la Inteligencia Artificial
Lo que inició como una luna de miel tecnológica, donde las herramientas de Inteligencia Artificial (IA) prometían ser el aliado perfecto para estudiar menos y producir más, se ha transformado en una creciente sombra de incertidumbre. En Colombia y el resto del mundo, la llamada Generación Z —aquellos jóvenes que están dando sus primeros pasos en el «camello» o mercado laboral— ha pasado del entusiasmo al rechazo, manifestando un miedo real a ser reemplazados antes de consolidar sus carreras.
De la curiosidad al pánico por el desplazamiento laboral
Para muchos jóvenes colombianos, el panorama ya es bastante retador debido a la competitividad y la inestabilidad económica. Ahora, se suma un nuevo factor: el temor a que los algoritmos hagan innecesarias sus habilidades. Lo que hace un par de años se vendía como una revolución de productividad, hoy se percibe como una amenaza directa que genera ansiedad y enojo. Los centennials ya no ven a la IA solo como un chat que ayuda a redactar correos, sino como una sombra que podría arrebatarles sus puestos de trabajo en sectores como el diseño, la programación y la comunicación.
Expertos en dinámicas laborales señalan que este cambio de percepción responde a una realidad ineludible: la velocidad con la que la tecnología está evolucionando supera la capacidad de adaptación de los sistemas educativos y de las propias empresas. «El miedo a quedar fuera del mercado laboral» no es un mito, sino una preocupación latente que está afectando la salud mental de los profesionales más jóvenes, quienes sienten que están compitiendo contra una máquina que no se cansa y no cobra sueldo.
¿Herramienta o enemiga? El dilema en las oficinas
A pesar de que el discurso corporativo insiste en que la IA será un complemento y no un reemplazo, la Generación Z se mantiene escéptica. En las redes sociales y foros de discusión, el sentimiento de rechazo crece, alimentado por despidos masivos en el sector tecnológico global que muchos vinculan a la automatización de procesos. En el contexto local, el reto es aún mayor, pues la brecha digital en Colombia podría dejar en desventaja a quienes no tengan acceso a estas herramientas, creando una nueva forma de exclusión.
El desafío para las nuevas generaciones será encontrar ese valor agregado que la inteligencia artificial no puede replicar: la creatividad con propósito humano, la empatía y la toma de decisiones éticas. Sin embargo, por ahora, el sentimiento predominante en las oficinas y universidades es de cautela. El futuro del trabajo está en plena redefinición y, para los jóvenes, la pregunta no es qué pueden hacer con la IA, sino si la IA les dejará espacio para hacer algo por su cuenta.
La discusión sigue abierta y el impacto real en las tasas de empleabilidad en Colombia se verá en los próximos años, mientras las autoridades y el sector privado intentan equilibrar la balanza entre la innovación tecnológica y la protección del talento humano.












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