Disidentes de las Farc plagiaron a cuatro menores frente a la comunidad en parque de zona rural de Jamundí, Valle: sus familias claman por su regreso

El drama que no cesa: familias claman por el retorno de menores reclutados por las disidencias de ‘Iván Mordisco’

En las zonas más apartadas de Colombia, el sonido de los juguetes ha sido reemplazado por el silencio sepulcral de los hogares donde falta alguien. El reclutamiento forzado de niños, niñas y adolescentes se ha convertido en una herida abierta que no logra cerrar, especialmente bajo el mando de las estructuras criminales lideradas por alias ‘Iván Mordisco’, jefe del Estado Mayor Central (EMC).

Un ciclo de violencia que devora el futuro

Las denuncias de las familias afectadas coinciden en un patrón desgarrador: los menores son abordados por integrantes de estos grupos armados bajo falsas promesas o mediante la intimidación directa. En departamentos como Cauca, Caquetá y Putumayo, el miedo se ha apoderado de las comunidades, donde los padres ven cómo sus hijos son arrebatados de las aulas o de sus propias casas para ser instrumentalizados en la guerra.

Según expertos en seguridad y organismos de derechos humanos, la estrategia de ‘Iván Mordisco’ no solo busca el fortalecimiento numérico de sus filas, sino el control social a través de la captación de los más vulnerables. “No es solo que se los lleven, es que nos quitan la esperanza de verlos crecer lejos de un fusil”, afirma el testimonio de una madre que aún espera noticias de su hijo, desaparecido hace meses.

La urgencia de una respuesta estatal

Aunque el Gobierno Nacional ha manifestado su intención de avanzar en procesos de paz, las familias insisten en que las acciones de reclutamiento no se detienen. La defensora de los derechos de la niñez recalca que estas estructuras utilizan a los menores como escudos humanos y combatientes, violando flagrantemente el Derecho Internacional Humanitario.

Para los colectivos que acompañan a estas familias, la solución no puede limitarse a la negociación política. Se requiere una intervención integral en los territorios donde la presencia del Estado sigue siendo precaria, permitiendo que grupos armados sigan delinquiendo con absoluta impunidad.

¿Qué dicen las cifras?

Aunque el subregistro es alto debido al miedo a las represalias, las alertas tempranas de la Defensoría del Pueblo siguen encendidas. El reclutamiento forzado, catalogado como un crimen de guerra, continúa siendo una de las facetas más crueles del conflicto colombiano. Mientras tanto, la consigna de los padres afectados es clara: “Los queremos de vuelta y vivos”, un clamor que resuena con fuerza en un país que se resiste a ver cómo una nueva generación se pierde en el fuego cruzado.

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