El negocio de oro en las Islas del Rosario: dos décadas de explotación privada bajo la lupa
Durante más de 20 años, un secreto a voces ha rodeado las paradisíacas aguas de las Islas del Rosario. Lo que debería ser un patrimonio natural protegido para el disfrute de todos los colombianos, se ha convertido en una mina de oro para intereses privados que han monopolizado el turismo de lujo en este archipiélago, una de las joyas más preciadas de nuestra geografía.
¿Quién se está quedando con la riqueza del paraíso?
La denuncia no es nueva, pero cobra fuerza ante la falta de respuestas claras por parte de las autoridades ambientales. Durante dos décadas, diversos operadores privados han tomado el control de los mejores puntos de atraque, playas y servicios recreativos, cobrando tarifas que resultan excluyentes para la gran mayoría de los visitantes locales.
El esquema es claro: mientras el ecosistema sufre el impacto de la masificación y la explotación desmedida, las ganancias por concepto de turismo VIP se concentran en manos de unos pocos, dejando de lado los beneficios que deberían traducirse en infraestructura y bienestar para las comunidades nativas de la zona, quienes han visto cómo su territorio es explotado sin recibir una contraprestación justa.
Impacto ambiental y el llamado a la autoridad
El modelo de explotación actual ha puesto en jaque la sostenibilidad de los arrecifes coralinos y la tranquilidad de las especies que habitan el Parque Nacional Natural Corales del Rosario y de San Bernardo. La comunidad exige que el Estado no solo revise los permisos otorgados hace años, sino que garantice que las concesiones actuales cumplan con estándares estrictos de protección ambiental.
«El paraíso no puede ser un negocio privado», señalan líderes locales que han visto con impotencia cómo los precios del transporte y los servicios en la isla han escalado a niveles inalcanzables, mientras los controles de las entidades encargadas parecen ser insuficientes o inexistentes.
Por ahora, la lupa de las autoridades ambientales y los organismos de control se mantiene sobre las concesiones otorgadas en la región. El desafío es grande: ponerle freno a la privatización de facto de un territorio que le pertenece a la Nación y asegurar que el turismo en Cartagena y sus alrededores sea, ante todo, responsable y equitativo.












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