Roy Barreras critica la ‘paz total’ tras reactivación de capturas a capos: ‘Los candidatos debemos rechazar que pretendan hacer política con armas’

El señalamiento del exembajador, ahora aspirante presidencial, sobre el desdibujamiento de la autoridad estatal como consecuencia de la política de paz de la administración Petro, abre un debate trascendental sobre el equilibrio entre la búsqueda de la reconciliación y la preservación del orden público en Colombia. Esta afirmación sugiere que la flexibilidad mostrada por el gobierno en la negociación con grupos armados, ya sean guerrillas, disidencias o bandas criminales, ha sido interpretada como una debilidad por parte de estos actores, erosionando la percepción de la capacidad del Estado para hacer cumplir la ley y proteger a sus ciudadanos. Un análisis profundo requiere examinar si las concesiones realizadas en la mesa de diálogo han facilitado el rearme de estructuras criminales, incrementado la violencia en regiones específicas o disminuido la confianza de la población en las instituciones de seguridad. La validez de este argumento depende, en gran medida, de la evidencia empírica que respalde un debilitamiento real, y no meramente percibido, de la autoridad estatal en el territorio nacional.
Las causas potenciales de esta situación, según la perspectiva del exembajador, podrían residir en la combinación de varios factores. En primer lugar, un diseño defectuoso de la política de paz, que priorice el cese al fuego bilateral y la negociación política sin establecer mecanismos de verificación y sanción suficientemente robustos para garantizar el cumplimiento por parte de los grupos armados. En segundo lugar, una comunicación gubernamental ineficaz, que no logre transmitir a la ciudadanía los beneficios esperados de la paz y los riesgos asociados a la flexibilización frente a los actores ilegales. En tercer lugar, la falta de una estrategia integral que combine la negociación con iniciativas de desarrollo social y fortalecimiento institucional en las zonas afectadas por el conflicto, dejando un vacío que permite a los grupos armados mantener su control territorial y su influencia sobre la población. Es fundamental analizar la coherencia interna de la política de paz y su articulación con otras políticas públicas, para identificar posibles contradicciones o deficiencias que contribuyan al debilitamiento de la autoridad estatal.
Las consecuencias de un desdibujamiento de la autoridad estatal, tal como lo plantea el aspirante presidencial, podrían ser multifacéticas y de gran alcance. Un aumento de la inseguridad ciudadana y la violencia en las zonas rurales y urbanas, generando desplazamiento forzado, extorsión, secuestro y otras formas de criminalidad que afectan directamente a la población. Un deterioro de la legitimidad del Estado y de la confianza de la ciudadanía en las instituciones, lo que podría alimentar la polarización social, el descontento político y la proliferación de discursos que promueven la violencia como forma de resolución de conflictos. Un debilitamiento del Estado de Derecho y de la capacidad del gobierno para garantizar el cumplimiento de la ley, lo que podría fomentar la corrupción, la impunidad y el desmantelamiento de las estructuras democráticas. Es crucial evaluar si estas consecuencias se están materializando en la realidad y, en caso afirmativo, diseñar e implementar medidas correctivas que permitan fortalecer la autoridad estatal, proteger a la población y consolidar la paz en Colombia. Es un balance delicado que requiere un análisis profundo y una estrategia integral.











Deja una respuesta