La subterránea revolución: cómo la infraestructura crítica se oculta bajo tierra para protegerse de amenazas modernas

Una nueva era para la infraestructura vital

En una cantera de California, una imponente pared de granito blanco se alza como testigo silencioso de lo que podría convertirse en una transformación radical de la ingeniería civil moderna. Un pequeño equipo de ingenieros se congrega ante un material extraordinariamente duro y prácticamente impermeable, uno de los más resistentes que existen en la naturaleza. Sin embargo, la tarea que tienen ante sí no consiste en evitarlo, sino en atravesarlo. La tuneladora creada por EarthGrid cobra vida con un rugido que recuerda al despegue de un cohete espacial, mientras tres antorchas de plasma se activan en su bagian frontal.

El fundador y director ejecutivo de la empresa, Troy Helming, describe con entusiasmo el proceso mediante el cual estas antorchas, ubicadas dentro de un cabezal giratorio, alcanzan temperaturas de 27.000 grados centígrados, una cifra que supera significativamente la superficie del Sol. Durante la prueba realizada en enero de este año, el dispositivo, de forma cilíndrica, logró perforar tres metros de granito sólido. «Básicamente, creamos un tornado, un vórtice violento dentro del túnel», explica Helming, detallando cómo este mecanismo succiona los escombros resultantes, que en ocasiones adoptan la apariencia de lava fundida. «La verdad es que me emocioné un poco al verlo. Llevo diez años esperando este momento», confesó el empresario.

El contexto geopolítico que impulsa la transformación

La tendencia hacia el soterramiento de infraestructura crítica, que incluye cables eléctricos, redes de telecomunicaciones, subestaciones y centros de datos, no es nueva. Sin embargo, las empresas de ingeniería consultadas por medios internacionales confirman que la demanda de instalaciones subterráneas se ha incrementado considerablemente en los últimos años. Este fenómeno responde a múltiples factores, pero destaca sobremanera el conflicto entre Rusia y Ucrania, que ha expuesto de manera dramática la vulnerabilidad de las instalaciones superficiales ante ataques con drones y otros dispositivos no tripulados.

Helming señala que ha recibido muestras de interés por parte de empresas interesadas en utilizar su tecnología para transportar cables de energía y fibra óptica, así como oleoductos capaces de mover agua, gas natural o amoníaco. Entre los proyectos más ambiciosos que la compañía contempla se encuentra la perforación de túneles para sistemas subterráneos de distribución de mercancías en entornos logísticos como aeropuertos y almacenes, con el objetivo de reducir significativamente el tráfico de camiones en las carreteras y optimizar la cadena de suministro.

Centros de datos en las entrañas de las montañas

El profesor Alexander RE Taylor, docente de comunicación en la Universidad de Exeter, ha identificado lo que denomina una «explosión de los búnkeres de datos», un fenómeno que describe el creciente traslado de centros de datos hacia ubicaciones subterráneas. «Lo que observamos es que la materialidad brutal sigue siendo importante», afirma el académico, haciendo referencia a la búsqueda de espacios que ofrezcan protección natural contra múltiples amenazas.

Un ejemplo paradigmático de esta tendencia se encuentra en las montañas Dolomitas, en Italia, donde a principios de este año se completó un centro de datos instalado en cavernas excavadas a 100 metros de profundidad. Estas instalaciones se ubican junto a almacenes que durante años han albergado vino espumoso, manzanas y queso, aprovechando las condiciones naturales del subsuelo. El espacio naturalmente fresco del Trentino DataMine permite mantener los servidores refrigerados de manera más económica, reduciendo considerablemente el consumo energético.

El director ejecutivo de esta instalación, Dennis Bonn, explica que 90 millones de metros cúbicos de roca dolomítica proporcionan una protección integral contra intrusiones físicas, interferencias electromagnéticas, eventos sísmicos y riesgos hidrogeológicos. «Niveles de protección que sencillamente no se pueden replicar en la superficie», subraya Bonn, enfatizando las ventajas incomparables que ofrece el entorno subterráneo para la operativa de estos centros tecnológicos.

Cables submarinos y la protección de las comunicaciones globales

En otros escenarios, algunas tecnologías de comunicación se están instalando en el lecho marino, donde los cables de internet pueden extenderse miles de kilómetros bajo las profundidades oceánicas. Las anclas de los barcos representan una amenaza constante para estas infraestructuras, que frecuentemente resultan dañadas por el tráfico marítimo. No obstante, existen indicios de que las fallas en cables submarinos han disminuido proporcionalmente a medida que aumenta la práctica de enterrarlos a profundidades de hasta tres metros bajo el lecho marino.

Lane Burdette, analista sénior de TeleGeography, empresa especializada en investigación de mercados de telecomunicaciones, afirma que «en algunas zonas propensas a fallas, se entierran a lo largo de toda su extensión». Esta práctica, aunque costosa, ha demostrado reducir significativamente los incidentes y las interrupciones en las comunicaciones internacionales.

Desafíos técnicos y el panorama futuro

La guerra en Ucrania y otros acontecimientos geopolíticos han generado un impacto palpable en la demanda de trabajos subterráneos, especialmente en regiones limítrofes con zonas de conflicto. Robbie McGoran, jefe de captación de proyectos en Joseph Gallagher, empresa de ingeniería civil especializada en túneles, confirma que los países fronterizos con Rusia interrogan cada vez con mayor frecuencia sobre las posibilidades de instalar infraestructura de manera subterránea. «Son muy cautelosos a la hora de decidir a quién permiten realizar este tipo de trabajos, y también se preocupan por sepultar la infraestructura y asegurarse de que esté bien protegida. Lo estamos notando», añade el ejecutivo.

Los avances tecnológicos, como los sistemas de guiado láser y los giroscopios, han mejorado sustancialmente la precisión en la construcción de túneles durante los últimos años. Sin embargo, persisten desafíos significativos, desde la liberación de gases potencialmente peligrosos atrapados en el subsuelo hasta problemas recurrentes de inundaciones. McGoran advierte que «normalmente medimos el progreso en milímetros por minuto», evidenciando la complejidad inherente a estas operaciones.

En el Reino Unido, el panorama muestra una adopción más cautelosa de estas prácticas. Mark Neller, responsable de energía para Europa y otras regiones en la consultora Arup, señala que no se observa un cambio significativo hacia la instalación subterránea de infraestructuras críticas en el territorio británico, aunque reconoce que en algunos lugares los túneles resultan claramente necesarios. El proyecto London Power Tunnels, valorado en 1.360 millones de dólares y que contempló la construcción de 29 kilómetros de túneles bajo la capital inglesa, constituye un ejemplo destacado de estas inversiones estratégicas.

Los túneles que utilizaba Al-Qaeda en Afganistán representaron un problema estratégico considerable para Estados Unidos durante aquel conflicto, recordaba Taylor. Más recientemente, las instalaciones nucleares subterráneas de Irán han centrado la atención internacional por su extrema dificultad de destrucción. La historia demuestra que mantener infraestructuras estratégicas bajo tierra constituye una estrategia defensiva probada que, lejos de ser una moda pasajera, representa una respuesta directa a las amenazas del siglo XXI.

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