Las monjas inversoras que cambian el juego en Wall Street

La nueva generación de inversoras con valores

La hermana Susan Francois, una monja católica que utiliza su perfil de TikTok para abogar por los migrantes y sus familias, también es conocida por su activismo en el mundo de las finanzas. Junto con sus compañeras monjas de la congregación de las Hermanas de San José de la Paz, ellas utilizan su posición como accionistas para presionar a las grandes empresas a abordar temas como el cambio climático, los derechos territoriales de los pueblos indígenas y la justicia racial.

La hermana Susan explica que, como tesorera de las hermanas, es quien representa sus intereses en las reuniones con las empresas. «Cuando les pedimos que promuevan el bien común», señala. En un caso reciente, intentaron que la junta directiva del gigante tecnológico Palantir atendiera sus inquietudes sobre el uso de su software de inteligencia artificial por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) y otras agencias estatales.

El poder de las resoluciones de accionistas

Las monjas creían que el software de Palantir estaba siendo utilizado para rastrear y seleccionar migrantes con fines de detención y deportación, lo que constituía una posible violación de los derechos humanos. Para abordar este tema, las hermanas utilizaron una «resolución de accionistas», una propuesta que solicita una acción específica y que luego se somete a votación en la junta general anual de la empresa. En este caso, pidieron que Palantir llevara a cabo una Evaluación de Impacto en los Derechos Humanos para analizar cómo se utilizan sus productos y servicios y mitigar cualquier posible efecto negativo.

Aunque la resolución solo obtuvo el 13% de los votos, la hermana Susan considera que es una victoria, ya que los fundadores de la empresa controlan el 49,9% de las acciones con derecho a voto. «Del voto [total] no interno, el 56% estuvo de acuerdo con las hermanas», dice. «Creo que es revelador que tantos accionistas estén de acuerdo con nosotras».

Un movimiento creciente

Pasar de ser una simple monja a una accionista activa es un cambio importante. La hermana Susan Francois, como muchas otras religiosas, están utilizando su posición para influir en las prácticas empresariales de las grandes corporaciones. No es el primer intento de las monjas para cambiar el juego en Wall Street. En el pasado, han cuestionado a Citigroup, una de las instituciones bancarias más grandes del mundo, por su financiación de proyectos de combustibles fósiles en la cuenca amazónica.

Las monjas también han presionado a otras empresas para que aborden temas como la discriminación de género y la justicia racial. Aunque no siempre consiguen la mayoría de los votos, la hermana Susan cree que el éxito radica en que se planteen las cuestiones y en que estas terminen siendo abordadas a nivel de los miembros del consejo de administración.

La ironía de invertir en empresas cuestionadas

La hermana Susan reconoce la ironía de que las monjas ganen dinero con las mismas empresas cuyas prácticas cuestionan. Sin embargo, ella explica que los beneficios que obtienen de estas inversiones se destinan a la atención médica de las monjas ancianas, y que solo poseen una pequeña cantidad de acciones. Además, las hermanas tienen una política de no invertir en empresas que consideran inmorales, como las fabricantes de armas o aquellas cuya función principal es la producción de combustibles fósiles.

La hermana Susan insiste en que las monjas deben interactuar con las grandes corporaciones y estar presentes donde se toman las decisiones. «Si nos ausentamos de los centros de poder… entonces no tendremos voz ni voto en cómo se hacen las cosas». La congregación de las Hermanas de San José de la Paz fue fundada en 1884 bajo el pontificado del papa León XIII, cuya obra inspiró al actual Papa a tomar su nombre.

Un llamado a la acción

La hermana Susan afirma que el León anterior escribió el primer documento sobre la doctrina social católica relativa al trabajo humano, y que ambos papas se han involucrado en los problemas sociales que importan en la vida de las personas. Así pues, cuando algunos cuestionan si un grupo de monjas debería intentar influir en las prácticas empresariales de una manera que podría considerarse política, especialmente en un momento de creciente polarización, la hermana Susan tiene una respuesta firme. «No estamos promoviendo partidos políticos. Estamos promoviendo el valor de la creación de Dios y el derecho de todas las personas a los derechos humanos. Y si eso es político, pues bien».

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