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La lucha de un vendedor de coco por salir adelante: estudia en el Sena Atlántico de 9 p.m. a 5 a.m. para formarse como técnico en refrigeración

De las inundaciones en el sur de Bolívar a la lucha por un futuro en las calles de Barranquilla: la historia de superación de Leonardo Payares

La resiliencia tiene nombre y apellido en las esquinas de Barranquilla. Leonardo Payares, un hombre que tuvo que dejarlo todo tras perder su hogar y sus medios de vida a causa de la inclemente temporada invernal en el sur de Bolívar, hoy protagoniza una historia de lucha que conmueve a la capital del Atlántico.

Como miles de colombianos desplazados por el fenómeno de La Niña, Payares llegó a la «Arenosa» buscando una oportunidad que el campo ya no pudo ofrecerle. Sin embargo, lejos de rendirse ante la adversidad, ha convertido las calles en su lugar de trabajo, donde vive del «rebusque» diario, una labor que, aunque extenuante, le permite subsistir en una ciudad que le abrió las puertas pero que no le ha regalado nada.

Un título profesional: más que un papel, una meta de vida

A pesar de la incertidumbre que conlleva vivir en la informalidad, Leonardo no ha dejado de mirar hacia adelante. Su mayor motor es un sueño que muchos considerarían inalcanzable dadas sus condiciones actuales: obtener un título profesional. Para él, la educación no es solo una hoja de papel, sino la herramienta definitiva para romper el ciclo de pobreza que la emergencia climática le impuso hace algunos años.

“El invierno se llevó mi casa y mis cosechas, pero no mis ganas de salir adelante”, comenta Payares mientras recorre las calles barranquilleras. Su testimonio es un reflejo de la cruda realidad que enfrentan cientos de personas que han tenido que migrar desde los municipios ribereños del sur de Bolívar hacia las grandes urbes, huyendo de las crecientes y el olvido estatal.

El «rebusque» como única salida

En Barranquilla, Leonardo se suma a la larga lista de ciudadanos que dependen de la economía informal. Desde vender artículos pequeños hasta realizar labores ocasionales, su rutina es un ejemplo de la capacidad de adaptación del colombiano. No obstante, hace un llamado a la sociedad y a las entidades encargadas para que no olviden a quienes, como él, perdieron su patrimonio por culpa de los desastres naturales y hoy intentan reconstruir sus vidas desde cero.

Mientras sigue ahorrando peso a peso, su meta sigue firme. Leonardo Payares no solo espera un techo digno, sino la oportunidad de acceder a una formación técnica o profesional que le permita dejar atrás el «rebusque» y aportarle al país desde su conocimiento. Su historia nos recuerda que, aun en las condiciones más difíciles, la esperanza es lo último que se pierde en el corazón de nuestra región Caribe.

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